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Terra
La Coctelera

muy bien muy fructifera contesto con mas artificial y

-Muy bien, muy fructífera –contestó con la más artificial y amplia de sus sonrisas.
-¿Vendrás por la tarde? –pregunté.
-No, estudiaré un poco en casa después de comer, pero más tarde quedé para tomar un café.
-De acuerdo, nos vemos.

Sabía lo mucho que Marcia odiaba que me siguiera acercando a ella con cualquier excusa. Sabía que yo no debía hacerlo, pero una fuerza irrefrenable me conducía una y otra vez hacia esa chica. Y lo mal que lo pasaba yo al dirigirme a ella no lo supo nunca nadie. Mi ritmo cardíaco sufría cada vez que entraba en la biblioteca porque, en el fondo, sabía que era inevitable que hablara con ella, aunque se tratara de una despedida. La sensación que venía siempre a continuación era la misma: vergüenza. Observaba a mi alrededor si alguien me había visto cometiendo el pecado de hablar con mi ex-novia.

De camino a casa, mi inconsciente repetía una y otra vez las últimas palabras de Mario: “…eso va a encerrarte en un círculo vicioso del que no vas a poder salir.”

Imposible, eso jamás me podría pasar a mi. Es cierto que frecuentemente me sumía en profundas depresiones, pero pensaba que era normal, dada la difícil situación por la que estaba pasando. Estaba convencido de que el tiempo acabaría cicatrizando las heridas de mi alma. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba, más angustiado me sentía… No, no me puede estar pasando esto a mi. Si algo me había caracterizado en mis años de instituto era que me entregaba a la diversión con un fanatismo contagioso que me había granjeado la aceptación fraternal de mis amigos. Cuando tocaba el momento de pasarlo bien, era, en cierto modo, el líder; conseguía despertar pasiones dormidas y disfrutaba viendo cómo los demás se unían a mi felicidad. ¡Qué lejano me parecía todo aquello!

Una vez me hube refrescado cara los aseos comprobe la

Una vez me hube refrescado la cara en los aseos comprobé que la imagen que se reflejaba en el espejo del lavabo estaba cada vez más demacrada y más ojerosa. Cierto es que llevaba un mes durmiendo poco y mal. Cierto es que todas las aberraciones a las que estaba sometiendo a mi organismo estaban dejando inevitablemente su huella física. A pesar de todo, aturdido por una situación que no era capaz de entender ni asumir, no era consciente, por aquél momento, de que necesitaba ayuda.

Ya eran cerca de las 2 de la tarde, y me encontraba recogiendo mis trastos de encima del pupitre; hojas con números y marcaciones de “DEBE” y “HABER” se encontraban desparramadas encima de la mesa sin ton ni son. Allá enfrente, Marcia se encontraba aún sentada y leyendo unos apuntes. La gente, en su mayoría, se había marchado ya, incluso Eva, pero los libros y apuntes aún quedaban en las mesas. Era una peligrosa costumbre que yo aún no acababa de comprender: los chicos y chicas se marchaban a sus hogares a la hora de comer, pero, confiados, dejaban todos sus útiles de estudio encima de las mesas porque pensaban regresar por la tarde, y, de esta manera, se aseguran que nadie les quitara su sitio. Yo era menos confiado en este aspecto, y prefería llevarme todos mis apuntes a casa.

Al marchar, me aproximé hasta el lugar en que Marcia se hallaba estudiando aún. Odiaba ese momento… sé que debería marcharme sin más, pero una extraña fuerza me arrastraba hacia Marcia por cualquier motivo. De nuevo sentía las mismas palpitaciones que por la mañana cuando había llegado… mi pulso se aceleró de nuevo.

-Me marcho, Marcia ¿qué tal la mañana de estudio?

Hey

Seguía tan bonita como siempre, si cabe aún más. Su amplia sonrisa parecía haberse perfeccionado de tal manera que era imposible no quedarse embobado observándola. ¿Por qué demonios aquella mañana me parecía más femenina que nunca? La encontraba perfecta, espléndida… incluso más alegre, pero ¿por qué? ¿Acaso yo no era capaz de despertar ese sentimiento en ella? ¡Dios mío! estábamos en plenos exámenes de febrero, ¿qué universitario en su sano juicio podría estar tan alegre en unas fechas tan dramáticas? Pero ahí estaba ella, a las 9 de la mañana y más maquillada que en una noche de marcha sonriendo sin parar. Parecía que la “liberación”, término con el que ella había bautizado a nuestra ruptura, le hubiera influido nuevas energías.

Psicóticamente miré a mi alrededor… es probable que se hubiera arreglado de aquella manera para despertar el interés de algún incauto… y si así fuera… ¿qué podía hacer? Cualquiera de los allí presentes era mejor que yo. Así lo sentía. Desde el día 10 de enero había dejado de prestarme atención a mi mismo. No me cuidaba ni me arreglaba. Y para colmo había adquirido el peor hábito que podía haberme enseñado Marcia: fumar. Inaudito en un deportista como yo. El tabaco había sido objeto de discusiones entre ambos, y lo que aceleró la ruptura, pero ésta se había producido por motivos muchos más profundos, que aún hoy, siete años más tarde, empiezo a comprender. La maldita madrugada del día 1 de enero acepté que Marcia me enseñara a fumar, en un gesto que intentaba suavizar las cosas entre los dos… en maldita hora. El cigarrillo se había convertido en mi aliado en la lucha por tratar de olvidar, pero lo cierto es que cada pitillo que me llevaba a la boca me recordaba a ella. A mayor angustia de mi alma, más profundas caladas le infligía al cigarro. Había perdido por completo el respeto hacia mi mismo.

Era mario mi mejor amigo siempre me llamaba mi apellido

Era Mario, mi mejor amigo, aunque siempre acostumbraba a llamarme por el apellido, a imitación de los grandes hombres de negocios que veía en las películas de Wall Street, y en quienes soñaba convertirse algún día. Tenía madera de líder, y labia, no cabía duda, aunque yo sabía, para mis adentros, que descuidaba algo, ¿el qué?, no lo sé… tal vez era pura envidia, ¿por qué no podía alegrarme de que a mi mejor amigo le fueran bien las cosas?

-¿Qué toca hoy Mario? –dije.
-Costes a muerte, tío. Creo que me quedaré a comer aquí, ¿y tú?
-Contabilidad, pero me iré a casa a las dos.
-La he visto arriba.
-Yo también.
-Mira, no quiero ser pesado, pero deberías alejarte de ella.
-Lo sé.
-¿y por qué sigues viniendo?
-Necesito verla, eso es todo.
-Te estás jodiendo, Julio, y eso va a encerrarte en un círculo vicioso del que no vas a poder salir.

Cuando mi amigo se ponía a darme consejos en plan paternal dejaba de llamarme Navas. En aquellos momentos era Julio.

En el fondo le agradecía sus consejos porque Mario era la única persona que de verdad se interesaba por mi estado de ánimo. Hablando con él sobre mis problemas parecía que éstos disminuían o dejaban de tener importancia, pero sólo era una apreciación momentánea , pues al rato volvían a aflorar con más fuerza.

-Es mejor que volvamos arriba –dije.

De nuevo debía enfrentarme a aquél pasillo central de la sala de estudio. Ahora parecía más estrecho. Ahora había más miradas que me atravesaban como lanzas. Su sitio estaba vacío, pero en la mesa descansaban sus bolígrafos y, como no, sus rotuladores fluorescentes desperdigados caprichosamente encima de un taco de apuntes escritos a ordenador. Su cazadora de pana marrón colgaba a duras penas del respaldo de la silla; A su lado, su hermana Eva. Tuve la certera sensación de que su mirada fustigó mi espalda nada más sobrepasar sus pupitres. Por fin llegué a mi amada columna. Aquella era mi fortaleza inexpugnable, nadie podía dañarme mientras permaneciera allí. ¡Qué estupidez! Mientras encendía el flexo de luz blanca adiviné una forma particular de caminar que se aproximaba de frente, desde el fondo del pasillo.

-No levantes la vista –pensé

Nuestras miradas se cruzaron, o eso creí yo. Rápidamente se sentó y dio comienzo un cuchicheo entre las dos hermanas que pronto desembocó en una sonora carcajada. Multitud de cabezas se giraron hacia ellas, y otras tantas hacia mi. Era la confirmación definitiva de que aquellas personas, en su gran mayoría estudiantes universitarios, conocían mi vida privada.

-¿Qué puñetas miráis? ¡No he sido yo quien os ha interrumpido vuestro estudio, estúpidos! –pensé.

Pero yo estaba protegido en mi fortaleza… y a solo 5 metros tenía la principal fuente de todos mis pesares.

Hacía tan sólo un mes, la risa de Marcia era suficiente para llenarme de alegría. Ahora sólo me producía amargura y tristeza.

Asturias, 8 meses antes.

FORO DE VUESTRAS ANÉCDOTAS UNIVERSITARIAS Y MÁS...

Una vez más, aquélla mañana me había despertado completamente abatido, deseando que todo lo que me estaba ocurriendo fuese un mal sueño.

Me incorporé sobre la cama, miré a mi alrededor, gracias a los tenues haces de luz que se filtraban a través de la persiana, pero todo seguía igual: aquél feo y negro gorila de peluche continuaba sentado en la silla, mirándome burlón… mis libros de Derecho y Contabilidad seguían en la mesa de estudio… y mi profunda tristeza también me acompañaba aquella mañana… ya estaba harto.

Me duché, hice la cama, me vestí y me marché a estudiar a la biblioteca municipal. Mi madre debía continuar dormida.

A medida que me acercaba a mi destino mi pulso se iba acelerando. Cada vez más. Una vez dentro debía abrir la boca para poder respirar, y notaba cómo los latidos de mi corazón golpeaban sin piedad mi pecho. A veces creía que los demás podían ver cómo me bombeaba.

El ascensor llegó a la tercera planta, se abrieron las compuertas automáticas y allí delante estaba, separada por una gruesa cristalera, la sala de estudio de la biblioteca “Jovellanos”. Ahora sentía que me iba a dar el paro cardíaco. Me encaminé, temblando, pasillo adelante, hacia mi lugar preferido, al lado de una gruesa columna. Dejé los libros. Sentía que todo el mundo me miraba, pero ¿por qué? ¿Acaso sabía toda esa gente mi historia personal? Seguro que sí.

Me dirigí a la cafetería, situada en la planta inferior, para ingerir algo caliente, ya que aún estaba en ayunas, y, al pasar de nuevo entre la gente vi una silueta muy familiar… alguien que en otro tiempo se sentaba conmigo al lado de la gruesa columna, y que, inconscientemente, estaba buscando desde el momento en que pisé la biblioteca aquella mañana. El tiempo se detuvo en aquél instante para mí, y, para variar, mi corazón se podía oir en toda la sala.

Fue sólo un instante, un instante eterno para mi. Un momento fugaz. El tiempo proseguía su curso, y yo aceleré mi paso hacia la cafetería pensando qué demonios hacía yo allí. ¿Qué clase de masoquista querría flagelar su alma cada fin de semana?

-¿Qué va a ser?
-Café y croissant, por favor –dije.

Seguía enfrascado en aquellos devaneos cuando una voz me abordó por detrás.
-¡Hombre, Navas!

SECRETOS UNIVERSITARIOS

Madrid, primeros días de octubre de 1999.

FORO DE VUESTRAS ANÉCDOTAS UNIVERSITARIAS Y MÁS...

El coche entraba en un estrecho callejón, y yo, algo nervioso por la nueva vida que se me presentaba, miraba, a través de la ventanilla trasera, la pequeña edificación gris de tres plantas que ocupaba el largo de la calle.

-Por aquí debe ser –dijo mi padre, al volante.

¿Cómo que “por aquí debe ser”? En aquella calle tan corta sólo se encontraba aquél minúsculo edificio (si bien es cierto que contaba con dos portales), puesto que en la acera de enfrente había otro edificio, pero aún estaba en construcción. O era aquél lugar o habría que seguir buscando.

-Seguro que es éste edificio –afirmó de nuevo mi padre

Aquello no era la idea que yo me había formado sobre cómo debía ser una residencia para universitarios. Es cierto que nunca había visto ninguna, pero aquél sitio era demasiado pequeño. No había duda de que mi padre se equivocaba.

-Calle de la Exposición… y el número 3 está ahí mismo –señaló mi madre.

¡Oh, no! ¿aquél diminuto y frío edificio iba a ser mi nuevo “hogar”?, ¿cómo había llegado yo hasta allí?

SECRETOS UNIVERSITARIOS

PRESENTACIÓN

Me llamo Julio Navas y, en junio pasado, terminé mi segunda carrera en una elitista y conocidísima universidad privada madrileña.

Entre los años 1999-2005 viví en los colegios mayores de esta universidad, situados en su campus universitario. Vecino de habitación de uno de los hijos del presidente de un conocidísimo club de fútbol andaluz, y compañero de aula de un, no menos conocido, jugador del Real Madrid, lo que vi y experimenté aquellos años, me dió que pensar... fueron unos años maravillosos, pero desde el primer momento me quedé escandalizado por las prácticas de los hijos de gente conocida e influyente en la sociedad española, actuando a espaldas de sus padres, algunos llegaron a dirigir auténticas redes de narcotráfico, otros se dedicaron a la prostitución de lujo...

Este blog va a ser un tanto atípico en tanto no voy a contar experiencias presentes, sino que trataré de narrar, cronológicamente, todo cuanto viví durante aquellos 6 años. Sin embargo, intercalaré algún suceso actual, ya que sigo en contacto con ex-compañeros que aún siguen en las aulas y en los colegios mayores.

Os adelanto el último suceso: se trata de un remake de lo acontecido hace 3 años, cuando la hija de un coronel de la Guardia Civil de Galicia, posó desnuda en unas fotografías hechas dentro del colegio mayor universtario. Hubo mucho revuelo puesto que dichas fotos fueron publicadas en Crónicas Marcianas, siendo la excusa perfecta para atacar el sistema educativo privado. En esta ocasión se repite la historia, con algunas diferencias... pero empecemos desde el principio...

El próximo día comenzaré a escribir todos los acontecimientos de aquellos años desde el principio, es decir, desde 1999.

FORO DE VUESTRAS ANÉCDOTAS UNIVERSITARIAS Y MÁS...

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¿tas depre?